Messura. Emoción ecléctica, pasión sosegada. Animal.

¿Quién no quisiera sacar, más a menudo de lo que dictan los corsés sociales, su animal a relucir? Eso es Animal (Entrebotones Records, 2019), de Messura. Un elegante y medido puñetazo emocional contra la dictadura de lo superficial y lo vulgar, contra la sociedad del mal espectáculo.
Rock setentero, stoner, pop indie con toques de hardcore y postrock, es lo que hay en Animal, el primer disco de esta banda logroñesa liderada por el vocalista y letrista Diego M. Continente. Ninguno de sus miembros, todos ellos profes de música, es nuevo en esto del rocknroll, y eso se nota. En el sonido delicado y nítido que han conseguido en el disco, (sin desmerecer a los técnicos de producción y masterización); se nota también en unas composiciones cuidadas y bien estructuradas; y en unas letras inteligentes y muy bien construidas, cuya calidad literaria soportaría perfectamente la ausencia de música.


Animal, presentado tanto en vinilo como en CD, con portadas diferentes a cargo de Javier Jubera, es una continuación de un EP anterior, Otoño XVII (2017), y es hijo de su tiempo (2019), una época líquida, frívola y rápida, dominada por la corrupción, la represión y la degeneración democrática, y eso que todavía faltaban unos meses para la llegada de la pandemia. Todo ello se nota en unas letras críticas que llevan a la reflexión, en un mensaje directo, que no cae en lo panfletario ni en lo superficial, hecho poesía. Unas letras, con muchas más preguntas que respuestas, en palabras del propio Continente, cuya voz, por cierto, se asemeja de un modo interesante a la de Pucho, de Vetusta Morla. Es un disco ecléctico y heterogéneo, a la vez que equilibrado.


‘Soma’ da comienzo al álbum, de ocho canciones, con un ritmo rockero que camina in crescendo y mantiene la tensión, en un tema cuyas influencias literarias habría que buscarlas en “Un mundo feliz”, de Huxley. “El soma impone el bienestar” canta Continente, haciendo referencia a un mundo que está inventando constantemente nuevos eufemismos para ocultar la desigualdad de clases, en el que parecemos seres programados y preparados para el consumo de masas mientras nos recreamos en la perfección fingida de nuestras cuentas de instagram: “Si pintamos de colores la jodida realidad, fordismo espiritual”. Con esa misma filosofía está escrita ‘Mal’, y es que “Quedan cosas por romper, las emociones de litio, mirando detrás de un cristal”, en el que todo se reduce a la primacía de lo virtual sobre lo real de este mundo posmoderno. Es la apariencia de felicidad tras las pantallas donde se ocultan personas de “alma en pena”.


‘Invertebrados’ es un manifiesto pedagógico a favor de los freaks, los inadaptados y los bichos raros, contra aquellos que se salieron, y se salen, del redil de la mediocridad, en la que, además, han terminado aquellos chulos de instituto, reconvertidos hoy en el estandarte de una clase media actitudinal. Es una canción cuya letra merecería ser transcrita al completo, por su mensaje dignificador (y aquí se nota la profesión docente del letrista), en el que se verán reconocidos aquellos que fueron señalados por ser patitos feos, pero que hoy reposan “en un plano superior” sin admitir el simplista discurso dominante. ‘Mienten’, trae a la memoria aquella frase de Franco, señor, “haga como yo, no se meta en política”, y que gran parte de la población española entonces asumió, al igual que asume hoy: “disimular, mirar hacia otro lado y procurar no ser señalado, sin rechistar caminar de puntillas, comodidad que impera ante la dignidad”, a pesar de que nos “mienten, aunque sonrían solo mienten”, como dice un estribillo potente, digno de ser coreado en directo. No obstante, este tema produce una tremenda impotencia, por su contenido realista y por lo tanto desesperanzador. Pues nos saben “bien domados”, “indígenas saciados, egos domesticados, nos hemos convertido en miles de cobardes”. Una pena.


Sin embargo, ante tanta tormenta, también hay un canto a la esperanza, como en ‘Odisea’, inspirada en la obra de Homero, que cierra el disco, y en la que toman protagonismo los violines y el cello, al igual que en ‘dicotomía’, dando otro color y un ambiente cálido y agradable que contrasta con los guiños indies, pero sobre todo, con los detalles hardcoretas y postrockeros de temas como el que da nombre al disco, ‘Animal’, donde se reivindican las pasiones y las emociones frente a “seres inertes de plástico” que “van mermando sus instintos hacia un mundo pragmático” de “pérdidas emocionales”. En definitiva, Animal es emoción ecléctica, crítica, reflexión y pasión sosegada en una montaña rusa estilística.

Deja un comentario

Crea una web o blog en WordPress.com

Subir ↑