Bocanada + Marea en Iruña. El secreto del eterno rocanrol

Esta crónica fue publicada originalmente en MariskalRock, el 3 de julio de 2023.

Hace unos 20 años vi por primera vez un concierto de Marea. Fue a las siete de la mañana, ya de día, en un pequeño pueblo de Aragón. Por entonces, los de Berriozar acababan de sacar su segundo disco, Revolcón (2000). Supe que esta banda, que ya estaba empezando a despuntar en el circuito roquero, había tocado esa misma noche en Pamplona. Cuando empezaron el bolo, pensé dos cosas: La primera fue “qué necesidad tendrán estos tíos de venir a tocar a más de doscientos km de distancia, a un pueblo perdido de Aragón, pudiendo haberse quedado tranquilamente, o de fiesta, en Iruña.” La segunda fue, “con esta actitud, estos tíos lo van a petar”.  Los potros del tiempo me han dado la razón.

Y así lo siguen demostrando en esta gira “Sin Riendas 2023”, en la que siguen los mismos que entonces, más viejos, como todos, pero con esa misma actitud envidiable y el mismo amor al rockanrol que en aquel verano del año 2001.

El mismo amor al rockanrol que trasmite Bocanada, la banda que les acompaña y que se encarga de abrir los conciertos de la gira. Así lo hizo también el pasado sábado 1 de julio en Iruña donde, al igual que Marea, jugaban en casa. Con un Martín pletórico y cómodo, dando rockanrol de calidad a ya más de la mitad del aforo (6000 personas), que ocupaban el espacio del Navarra Arena. Tras terminar recientemente la gira de presentación de su último disco (Ahora que los leones Duermen), esta vez hicieron un repaso por sus cinco discos. Temas como “Tu nombre se escribe con sangre” o “Más animal”, dejaron al público con ganas de más, y con los ánimos preparados para afrontar lo que se vendría después.

Al igual que Bocanada, Marea también jugaba en casa, y eso de algún modo se tuvo que notar, aunque me consta, que por el resto de las ciudades del Estado por las que ya han pasado en esta gira, el ambiente generado y el nivel de convocatoria no desmerecen a lo que se vivó el sábado en el Navarra Arena de Pamplona-Iruña. Cerca de 12.000 entradas vendidas y un lleno absoluto lo atestiguan. Pero no solo, y es que desde el mediodía ya había gente en las puertas del recinto, esperando a la apertura de puertas para poder quedarse en las primeras filas.

A las 22:05, con puntualidad soviética empezó el concierto. Después de “Otra cicatriz”, con la que abrieron, y “Más me duele a mí”, un escueto “Gabon Iruña, somos los Marea” del Kutxi, dio la bienvenida a un público intergeneracional, que coreó los nuevos temas como si fuesen clásicos, a pesar de que Kutxi bromeó en algún momento con que la gente solo quería escuchar los temas viejos. Para nada, y así quedó demostrado.

Un gran escenario vacío, sin amplis ni parafernalia superflua, invitó a concentrar toda la atención en los músicos, que se marcaron un bolo impecable. El rock de Marea limpio y con toda su crudeza, e igual de fresco que 25 años atrás. Quien lo iba a decir.

No hubo muchos invitados a lo largo de la noche. El primero de ellos fue Aaron, el hijo de Kutxi, que en “Corazón de Mimbre” demostró tener la madera de artista de los Romero. Salió Aaron con la bandera de Berriozar, el pueblo de los Marea, y también de Bocanada, la banda del otro Romero, Martín, demostrando que su rockanrol puede ocupar, como Marea, los puestos de honor del rock estatal.

En “Que se joda el viento”, el pabellón decidió saltar al unísono dando rienda suelta a esas emociones bañadas por rock añejo, y es que, como dijo el Kutxi, “Somos los últimos de una estirpe de rockanrol, de una manera de entender el rock”. El concierto del sábado en el Navarra Arena, fue, en parte, para aquellos que llevan siguiendo al grupo desde hace más de 25 años, como comentó Alen Ayerdi.

Uno de los grandes momentos emotivos de la noche vino cuando Marea interpretó “El Trompo”, de sus paisanos y maestros Barricada. El recuerdo de Boni se instaló en el corazón del público cuando las pantallas mostraron su imagen, junto a la de Kolibrí, que tocó la canción con la guitarra del Boni.

Tras el subidón emocional de “El trompo”, se intuía el final de la noche después de “La rueca” y “La luna me sabe a poco”. Sin embargo, aún quedaban canciones nuevas y clásicas por tocar. E invitados por subir al escenario. Con los versos de Miguel Hernández, “El pez más viejo del rio (…) tomó el camino del mar, es decir, el de la muerte”, presentó el Kutxi “Nuestra fosa” que, a pesar de la novedad, ya es un clásico de la banda. Y es que, de todas las canciones nuevas, esta fue la que mayor coreó el público, como si de aquellos himnos de hace veinte años se tratara.

En “Como los trileros”, salió Martín Romero, de Bocanada, repartiendo amor y buen rollo, de nuevo con la bandera de Berriozar, y es que, seguro, que esa noche Berriozar se quedó vacío para ver a quienes han llevado el nombre del pueblo por todo el Estado y más allá. “Hasta siempre Iruña”. Se despidieron los hermanos. Pero bien sabíamos que no era así.

Salió Luter, que dijo que, si hubiera podido elegir donde nacer, “hubiera elegido Iruña, y sería un macarra”, y a quien Kutxi presentó como el embajador del rock madrileño. Todos juntos tocaron “Jindama”, tras la que Kutxi presentó a todos los miembros de Marea, no sólo a los músicos, sino a todo el equipo. Tras “El perro verde”, llegaba el final, “Marea”, con un invitado de lujo, Ibai Ganula, de Motxila 21, la asociación de jóvenes con Síndrome de Down de Navarra, con la que colaboran grandes como El Drogas o Marea.

Fue un final bonito para un concierto de lujo, en el que Marea volvió a dejar patente, tras un Disco de Oro, que no solamente goza de salud creativa, sino también de muy buena salud en directo. Hoy, como hace más de 20 años, Marea sigue con la misma actitud sencilla y popular, con el mismo compromiso por el rockanrol y amor por la cultura del rock. Quizás, ese sea el secreto bien guardado, para sigan siendo los mismos que cuando empezaron.

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