Esta reseña fue publicada en papel en la revista La Heavy 453
El anuncio de Enrique Bunbury sobre su abandono de los escenarios, a lo Greta Garbo, generó algo de desasosiego entre sus seguidores. Retirarse al rincón de la composición, dedicarse por entero a ella, y apostar por el ostracismo voluntario, por el abandono de la interpretación y del directo. Pero Enrique Bunbury, uno de los artistas más prolíficos y completos en lengua castellana, se lo podía permitir ¿Por qué no? Así lo ha vuelto a demostrar en Greta Garbo, un disco orgánico, muy personal, en el que la experimentación vuelve a ser la seña de identidad de Bunbury, con un sonido clásico, de matices setenteros y tonos bowianos, grabado con su nueva banda tocando a la vez, sin claqueta ni plugins de ordenador. Literariamente Greta Garbo es una mirada reflexiva al interior del artista y de la persona, sin desmerecer a su vez el vistazo crítico hacia el exterior de estos tiempos convulsos. Son diez temas que caminan entre lo enigmático y lo explícito, “un puente entre la superficie y la profundidad”, como dice en Invulnerables, el primer adelanto del disco. Greta Garbo se abre con Nuestros Mundos no Obedecen A Tus Mapas, una declaración de intenciones como presentación del disco, que continúa con Alaska, ojeando, quizás, una larga carrera creativa que ha vuelto a alcanzar otro punto de inflexión: “He abandonado la muralla, las armas he entregado, un tren de largo recorrido avisa su llegada, ya pedí a todos perdón”. El ecuador del disco se cierra con Para Ser Inolvidable, una canción de fuerte influencia del funk de los 70. De Vuelta a Casa quizás sea el tema más explícito y que en mayor medida concentra la filosofía de Greta Garbo. Pero que nadie se asuste, “Aquí nada termina, es la lección que aprendí, el futuro es brillante”. La Tormenta Perfecta es una afirmación de sí mismo, frente a los puristas de la crítica fácil, que nada aportan. El broche lo pone Corregir el Mundo Con Una Canción, un buen tema un tanto psicodélico, que resume el aspecto social y personal del que hace gala el disco, así como la importancia de la creación musical: “Corregir el mundo,” “corregir tu mundo, con una canción”. Otra gran obra del aragonés errante, ecléctica y tremendamente lúcida.


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